Nadie en sus cabales aceptaría que a los padres de un niño con evidentes señales de maltratos, abusos sexuales, desnutrido y enfermo, se les confirmara su pretendido derecho a la custodia. Ni siquiera en el caso de que se confesaran arrepentidos de los hechos podría alguien que no fuese un canalla, permitir que ese niño siguiera expuesto a los mismos dolores y en manos de los mismos delincuentes, por más progenitores que se digan.
Al margen de las responsabilidades penales que la justicia determinase en el caso, esos padres son los menos indicados para criar y educar a un niño, y cualquier ciudadano sensato, cualquiera con sentido común, estaría de acuerdo en la necesidad de evitarlo, de proteger a ese niño de sus padres.
Pero esa general repulsa que no acepta discrepancias en relación a un menor maltratado y violado por sus propios padres, no se expresa, sin embargo, con la misma lógica y contundencia, respecto a otros maltratos y atropellos.
En relación al cambio climático, por ejemplo, no hay cabales que valgan, ni justicia que intervenga, ni sensatez que hable o común que imponga su sentido.
Los mismos responsables de haber conducido al planeta al calamitoso estado en que se encuentra, de haberlo exprimido hasta la extenuación, de haber generado los cambios climáticos que hoy se lamentan y que, asegura la comunidad científica, apenas son los primeros síntomas del desastre que se avecina, se arrogan el deber y el derecho de reconducir los pasos de ese maltratado, hambriento y enfermo niño.
Y aún van más lejos. Además, nos trazan las pautas de urbana conducta que debemos seguir los ciudadanos para contribuir a evitar el desastre, reciclando basura, economizando agua, ahorrando energía…mientras ellos multiplican los beneficios que les depara la ruina general y sus medios de comunicación hacen apología del más grosero despilfarro, del más absurdo consumo.
La pasada Navidad fue un hermoso escaparate en todo el mundo de hasta qué punto es creíble la buena voluntad de estados y gobiernos en relación al tema del ahorro energético. Vía satélite pudimos ver sobre el planeta los fantásticos destellos luminosos de la navidad en el mundo… en el mundo que no precisa velas. Pero nadie desconfía de la buena voluntad de sus Estados, de las iniciativas de sus gobiernos, de la bondad del modelo de desarrollo impuesto. El menor debe seguir a cargo de sus padres. Ocasionalmente, hasta se le puede entregar a alguno el premio Nóbel.
Los mismos intereses que han convertido la vida en un mercado, que han secuestrado todos los conceptos, que han precintado sueños y prostituido conciencias, que han desatado hambrunas y matanzas que son, al mismo tiempo, oráculos de Dios y del Estado, fariseos que viven de la bolsa, torturadores con licencia, honrados genocidas, se otorgan el deber y el derecho de seguir guiando los pasos de ese maltratado, abusado y hambriento niño.
Y también nos trazan las normas de pensamiento y convivencia que deberá observar la ciudadanía para superar la amenaza terrorista, la amenaza del paro, la amenaza de la droga, la amenaza de la indigencia, la amenaza de la violencia, la amenaza de nuevas amenazas.
Ellos están, precisamente, para preservarnos de todas las demás amenazas.
En eso andaba en estos días George Bush por Oriente Medio, repartiendo dinero, armas y amenazas. En eso sigue el gobierno israelí en los territorios ocupados, repartiendo muertos, muros y amenazas.
Los grandes medios de comunicación se encargan de transmitirnos el relato. La gente, agradecida, asiente y reconoce la importancia del disparo preventivo, la eficacia de la bomba de rutina, lo oportuno de la guerra humanitaria, lo aconsejable que es la paz castrense, y celebra y aplaude la terapia puesta en práctica con ese niño maltratado, enfermo y hambriento.
Nadie pone en duda la exaltación de la mentira o la difamación de la verdad.
Evitar el cambio climático exige el cambio político.
¿O dejamos al niño con sus padres?
El petróleo se pone a cien
El Año Nuevo nos ha traído una sorpresa: por primera vez, el precio del petróleo de referencia en Estados Unidos ha llegado a los 100 dólares. Hemos cruzado el umbral simbólico que todos estábamos temiendo: se acabó la época del petróleo barato y, con ella, el mito fundacional del modelo actual de desarrollo. Ya no es posible creer en el crecimiento económico ilimitado. Dentro de no mucho tiempo, tendremos serios problemas para pagar la factura energética e incluso, poco después, de conseguir un suministro suficiente. La era de la crisis energética ha comenzado.
A más corto plazo, el Año Nuevo también nos ha traído subidas generalizadas de la energía: la electricidad, el gas natural y el butano ya han subido y en cuanto a la gasolina? bueno, la gasolina no para de subir desde hace un par de años. De momento, cada hogar vasco dedica 800 euros al pago de la energía doméstica ?electricidad y gas, sin contar lo que vale llenar el depósito del coche?. No sabemos hasta dónde llegará la factura energética, pero sí sabemos que durante el 2006 la factura subió un 11% (EVE, 2007) a pesar de que el consumo apenas creció un punto y medio. A este paso, el 2009 nos traerá una factura de 1000 euros por hogar.
Que esto iba a llegar, ya lo sabíamos hace tiempo. Los especialistas llevaban tiempo avisando que la producción mundial de petróleo se estaba acercando a su máximo. Ya en 1956, el geofísico Hubbert predijo durante la reunión anual del American Petroleum Institute que la producción total de petróleo de los Estados Unidos alcanzaría su pico a finales de la década de los 60 o a principios de los 70. Cuando en 1970 se confirmó esta predicción, Hubbert alcanzó una gran notoriedad. Los últimos datos colocan el pico de producción mundial de petróleo en el 2010, con el pico de producción de gas unos años más tarde. De hecho, un creciente número de expertos creen que el pico de producción ya ha llegado: especialmente después del huracán Katrina, cuando Arabia Saudita admitió que no podía incrementar su producción para atenuar la crisis por las pérdidas en la producción y el refino sufridas en la zona del Golfo de México. En los últimos tiempos y después de negar la evidencia durante años, gigantes petrolíferos como Chevron Texaco y la propia Repsol-YPF asumen públicamente las predicciones de Hubbert.
El fin del petróleo barato hace pensar en un sombrío futuro en el que la humanidad tendrá que sobrevivir sin la principal fuente de energía que dio impulso a la revolución industrial y que nos ha servido para alcanzar el presente nivel de desarrollo. Muchos piensan que estamos ante el inicio de la crisis definitiva del petróleo. Definitiva porque será la última y la que obligará a efectuar los mayores ajustes y recortes en su consumo como nunca antes se ha hecho. El petróleo caro y, dentro de poco, la escasez de gas y petróleo, van a ser un golpe mucho más duro que el cambio climático. Además, los dos se van a dejar sentir al mismo tiempo: dentro de una o dos décadas.
El fin del petróleo barato es una emergencia que amenaza directamente nuestro modo de vida actual, el nivel de desarrollo que hemos alcanzado y, más allá, la paz, la justicia y la solidaridad entre ciudadanos, pueblos y generaciones independientemente de su nacionalidad, estatus socio-económico o cualquier otra condición humana. Berdeak/Los Verdes no queremos ?ni podemos? continuar con esta dependencia del oro negro y con ella, de las multinacionales que lo controlan y de los regímenes dictatoriales que lo utilizan para mantenerse en el poder y negar a los ciudadanos ?y especialmente a las ciudadanas? las libertades sociales y políticas e incluso los derechos humanos más básicos. Es hora de tomar decisiones serias sobre nuestro futuro energético y cuestionar decididamente el sistema económico actual y la actuación de los partidos políticos tradicionales que nos lo imponen.
Hoy, muchos de ellos, sin importar su adscripción ideológica, se llenan la boca de ?participación ciudadana? cuando llevan años agarrados en el poder, controlando y promoviendo una sociedad petroleada. En este contexto el abrir ?consultas? para plantear nuevas fronteras en un mundo interconectado deja de ser prioritario ya que el más urgente reto del siglo XXI para el conjunto de la ciudadanía tiene un barniz ecológico y energético. En Occidente, más allá de nuestras disputas y reivindicaciones nacionales y territoriales, estamos vinculados por un gran lazo estructural y cultural que rige nuestras vidas y comportamientos: la energía barata que ha permitido desarrollar la sociedad industrial que todos compartimos.
En este marco donde el motor de petróleo resulta más determinante que el carné de identidad, tenemos que ser conscientes de la amenaza que el precio del petróleo y del gas supone para el futuro de todos y cada uno de nosotros. Si no hay energía barata, no habrá libertad ni autonomía individual o colectiva de cualquier tipo en cualquier parte de Europa. El derecho a decidir tan alabado ?o criticado, según por quién? se convertirá en una quimera más debido a nuestra dependencia a los caprichos de aquellos que controlen allá y administren aquí los últimos pozos de petróleo y los últimos depósitos de gas natural.
Por ello, existe una necesidad urgente de tomar decisiones compartidas sobre nuestro modelo energético, pilar de nuestro porvenir común. Ante el fin de la era del petróleo que amenaza las raíces de la civilización industrial, hará falta, de acuerdo con la moda de estos tiempos, otra ?hoja de ruta? ?esta sí, participativa? encaminada esta vez hacia la ?normalización energética?. Para acabar con la adicción al petróleo, este camino podría culminar con otra ?consulta?, para que los ciudadanos podamos decidir libremente, por lo menos a nivel local y europeo, qué tipo de futuro energético queremos y podemos ofrecernos. Estenuevo ?ciclo histórico? ?y que nos perdonen los juristas por las imperfecciones del planteamiento? es una puerta abierta a la esperanza para que las generaciones futuras disfruten de un mundo en paz. Cuando el petróleo se pone a cien, quizá sea hora de una energética consulta.
A más corto plazo, el Año Nuevo también nos ha traído subidas generalizadas de la energía: la electricidad, el gas natural y el butano ya han subido y en cuanto a la gasolina? bueno, la gasolina no para de subir desde hace un par de años. De momento, cada hogar vasco dedica 800 euros al pago de la energía doméstica ?electricidad y gas, sin contar lo que vale llenar el depósito del coche?. No sabemos hasta dónde llegará la factura energética, pero sí sabemos que durante el 2006 la factura subió un 11% (EVE, 2007) a pesar de que el consumo apenas creció un punto y medio. A este paso, el 2009 nos traerá una factura de 1000 euros por hogar.
Que esto iba a llegar, ya lo sabíamos hace tiempo. Los especialistas llevaban tiempo avisando que la producción mundial de petróleo se estaba acercando a su máximo. Ya en 1956, el geofísico Hubbert predijo durante la reunión anual del American Petroleum Institute que la producción total de petróleo de los Estados Unidos alcanzaría su pico a finales de la década de los 60 o a principios de los 70. Cuando en 1970 se confirmó esta predicción, Hubbert alcanzó una gran notoriedad. Los últimos datos colocan el pico de producción mundial de petróleo en el 2010, con el pico de producción de gas unos años más tarde. De hecho, un creciente número de expertos creen que el pico de producción ya ha llegado: especialmente después del huracán Katrina, cuando Arabia Saudita admitió que no podía incrementar su producción para atenuar la crisis por las pérdidas en la producción y el refino sufridas en la zona del Golfo de México. En los últimos tiempos y después de negar la evidencia durante años, gigantes petrolíferos como Chevron Texaco y la propia Repsol-YPF asumen públicamente las predicciones de Hubbert.
El fin del petróleo barato hace pensar en un sombrío futuro en el que la humanidad tendrá que sobrevivir sin la principal fuente de energía que dio impulso a la revolución industrial y que nos ha servido para alcanzar el presente nivel de desarrollo. Muchos piensan que estamos ante el inicio de la crisis definitiva del petróleo. Definitiva porque será la última y la que obligará a efectuar los mayores ajustes y recortes en su consumo como nunca antes se ha hecho. El petróleo caro y, dentro de poco, la escasez de gas y petróleo, van a ser un golpe mucho más duro que el cambio climático. Además, los dos se van a dejar sentir al mismo tiempo: dentro de una o dos décadas.
El fin del petróleo barato es una emergencia que amenaza directamente nuestro modo de vida actual, el nivel de desarrollo que hemos alcanzado y, más allá, la paz, la justicia y la solidaridad entre ciudadanos, pueblos y generaciones independientemente de su nacionalidad, estatus socio-económico o cualquier otra condición humana. Berdeak/Los Verdes no queremos ?ni podemos? continuar con esta dependencia del oro negro y con ella, de las multinacionales que lo controlan y de los regímenes dictatoriales que lo utilizan para mantenerse en el poder y negar a los ciudadanos ?y especialmente a las ciudadanas? las libertades sociales y políticas e incluso los derechos humanos más básicos. Es hora de tomar decisiones serias sobre nuestro futuro energético y cuestionar decididamente el sistema económico actual y la actuación de los partidos políticos tradicionales que nos lo imponen.
Hoy, muchos de ellos, sin importar su adscripción ideológica, se llenan la boca de ?participación ciudadana? cuando llevan años agarrados en el poder, controlando y promoviendo una sociedad petroleada. En este contexto el abrir ?consultas? para plantear nuevas fronteras en un mundo interconectado deja de ser prioritario ya que el más urgente reto del siglo XXI para el conjunto de la ciudadanía tiene un barniz ecológico y energético. En Occidente, más allá de nuestras disputas y reivindicaciones nacionales y territoriales, estamos vinculados por un gran lazo estructural y cultural que rige nuestras vidas y comportamientos: la energía barata que ha permitido desarrollar la sociedad industrial que todos compartimos.
En este marco donde el motor de petróleo resulta más determinante que el carné de identidad, tenemos que ser conscientes de la amenaza que el precio del petróleo y del gas supone para el futuro de todos y cada uno de nosotros. Si no hay energía barata, no habrá libertad ni autonomía individual o colectiva de cualquier tipo en cualquier parte de Europa. El derecho a decidir tan alabado ?o criticado, según por quién? se convertirá en una quimera más debido a nuestra dependencia a los caprichos de aquellos que controlen allá y administren aquí los últimos pozos de petróleo y los últimos depósitos de gas natural.
Por ello, existe una necesidad urgente de tomar decisiones compartidas sobre nuestro modelo energético, pilar de nuestro porvenir común. Ante el fin de la era del petróleo que amenaza las raíces de la civilización industrial, hará falta, de acuerdo con la moda de estos tiempos, otra ?hoja de ruta? ?esta sí, participativa? encaminada esta vez hacia la ?normalización energética?. Para acabar con la adicción al petróleo, este camino podría culminar con otra ?consulta?, para que los ciudadanos podamos decidir libremente, por lo menos a nivel local y europeo, qué tipo de futuro energético queremos y podemos ofrecernos. Estenuevo ?ciclo histórico? ?y que nos perdonen los juristas por las imperfecciones del planteamiento? es una puerta abierta a la esperanza para que las generaciones futuras disfruten de un mundo en paz. Cuando el petróleo se pone a cien, quizá sea hora de una energética consulta.
Pintando de verde los cultivos energéticos
¿Adónde va la agricultura? ¿Podemos alimentar a una población creciente y satisfacer la demanda de biocombustibles en el Norte Industrializado? Partidarios de la agricultura de biocombustibles, (compañías de granos y productos químicos, inversionistas de Wall Street, políticos y la mayoría de los investigadores en las Universidades) evitan mencionar el coste de los insumos, los combustibles fósiles, el daño al medio ambiente, el precio físico a pagar por animales y humanos, y el creciente problema de hambre que acompañará el paso de la producción de alimentos a los cultivos energéticos. Quieren que creamos que el cambio a cultivos energéticos será tan fácil y tan práctico.
Charles Grassley, senador por Iowa, EE.UU., nos dice que los "biocombustibles" darán renovada importancia a la agricultura como productor de energía así como alimentos y fibras. Será una situación en la que sólo se puede ganar, buena para la independencia energética de EE.UU., la prosperidad económica y para el entorno.
¿Salvará la producción de bioenergía a la agricultura estadounidense, terminará nuestra dependencia del petróleo, salvará el medioambiente y mantendrá alimentos sobre las mesas de todos? Tal vez no. Los biocombustibles no son la "vaca de dinero" que prometieron a los agricultores. Como fuente de energía son menos eficientes y no son "más verdes" que el petróleo. Su cultivo llevará al aumento de los precios de alimentos y como resultado, los pobres sufrirán aún más riesgo de pasar hambre. Selvas húmedas serán destruidas y se convertirán en tierras de cultivo, campesinos en todo el mundo seguirán perdiendo sus tierras, su soberanía alimentaria, todo para alimentar el apetito de combustible del mundo.
¿Pueden reemplazar los biocombustibles una cantidad importante de combustible fósil? Tal vez no sea así. Si hubiésemos dedicado en 2006 toda la producción de granos de EE.UU. a la producción de etanol, habríamos reemplazado sólo un 12% de la gasolina que usamos. Si hubiésemos plantado cada hectárea de tierra de cultivo en la nación con maíz habríamos reemplazado sólo un 80% de la gasolina que usamos. Si la Administración de Información de la Energía de EE.UU. tiene razón en sus cálculos y en 2030 EE.UU. fuera capaz de producir 700.000 barriles de etanol por día, habríamos logrado compensar aproximadamente un 6% de nuestras necesidades de combustible para el transporte.
¿Es etanol realmente un combustible renovable? Tal vez no lo sea. Un artículo en la revista Science en 2006 muestra que, sobre la base de investigadores de la Universidad de California Berkeley, sólo entre un 5% y un 26% de la energía en etanol es "renovable." El combustible fósil requerido para cultivar y procesar el etanol, negó en realidad la mayor parte de su valor energético.
¿Son realmente mejores para el medioambiente los biocombustibles? Tal vez no lo sean: Datos de la Universidad de Edimburgo muestran que los biocombustibles producen altos niveles de óxido nitroso, un gas invernadero 300 veces más potente que el CO2. En total pueden producir un 70% más de emisiones de gas invernadero que los combustibles fósiles.
¿Podremos producir niveles importantes de cultivos energéticos sin tener impacto en los suministros y precios de alimentos del mundo? Tal vez no. La producción de biocombustibles podría aumentar los precios de alimentos hasta entre un 20% y un 40% según el Instituto de Investigación de Política Alimentaria Internacional en Washington.
La producción de biocombustibles depende de miles de millones de dólares en subsidios gubernamentales en la forma de garantías de préstamos para la construcción de plantas de biocombustibles, exenciones de impuestos para biocombustibles y pagos directos a los agricultores. Un estudio de 2006 del Instituto Internacional por el Desarrollo Sostenible mostró un coste anual en subsidios de 1,05 a 1,38 dólares por galón de etanol producido, un total de 7.000 millones de dólares. ¿Cuánto estamos dispuestos a gastar y para qué?
Los biocombustibles son una estafa pintada de verde, una solución "para sentirse bien" de cara al fin del petróleo barato. Cuando se considera el sistema agrícola industrial que es necesario para su producción, los biocombustibles son cualquier cosa pero no sostenibles. Los costosos insumos de combustible, fertilizante y semillas biotecnológicas cuestionarán la rentabilidad de los agricultores del norte, mientras los agricultores campesinos seguirán siendo expulsados para crear sitio para los monocultivos de maíz, soya, caña de azúcar y palmas de aceite. Subirán los precios de alimentos, aumentarán el hambre y la pobreza y no estaremos más cerca de la independencia energética o de combustibles verdaderamente renovables.
Ahora, cuando el presidente y el Congreso nos han atrapado, mediante las Leyes de "Farm and Energy" en la producción en gran escala de cultivos energéticos y en la creencia de que podemos seguir viviendo, sin ser afectados, nuestras vidas como de costumbre, ¿qué debemos hacer? Necesitamos soluciones energéticas que funcionen, estándares duros para el uso de combustible en los vehículos, nuevos sistemas públicos de transporte, energías verdaderamente renovables como la energía eólica y solar y compromisos vinculantes con la conservación y el reciclaje, ahora, no con promesas poco realistas para el año 2030.
Así que, la próxima vez que conduzcamos al supermercado y nos quejemos por los precios elevados, y luego carguemos nuestro vehículo todo terreno con combustible flexible, ¿pensaremos en el 50% de la población del mundo que vive con menos de dos dólares al día? ¿Consideraremos siquiera que al caer en la estafa del biocombustible también nos apoderamos de su soberanía alimentaria y podríamos haberla condenado a muerte?
Charles Grassley, senador por Iowa, EE.UU., nos dice que los "biocombustibles" darán renovada importancia a la agricultura como productor de energía así como alimentos y fibras. Será una situación en la que sólo se puede ganar, buena para la independencia energética de EE.UU., la prosperidad económica y para el entorno.
¿Salvará la producción de bioenergía a la agricultura estadounidense, terminará nuestra dependencia del petróleo, salvará el medioambiente y mantendrá alimentos sobre las mesas de todos? Tal vez no. Los biocombustibles no son la "vaca de dinero" que prometieron a los agricultores. Como fuente de energía son menos eficientes y no son "más verdes" que el petróleo. Su cultivo llevará al aumento de los precios de alimentos y como resultado, los pobres sufrirán aún más riesgo de pasar hambre. Selvas húmedas serán destruidas y se convertirán en tierras de cultivo, campesinos en todo el mundo seguirán perdiendo sus tierras, su soberanía alimentaria, todo para alimentar el apetito de combustible del mundo.
¿Pueden reemplazar los biocombustibles una cantidad importante de combustible fósil? Tal vez no sea así. Si hubiésemos dedicado en 2006 toda la producción de granos de EE.UU. a la producción de etanol, habríamos reemplazado sólo un 12% de la gasolina que usamos. Si hubiésemos plantado cada hectárea de tierra de cultivo en la nación con maíz habríamos reemplazado sólo un 80% de la gasolina que usamos. Si la Administración de Información de la Energía de EE.UU. tiene razón en sus cálculos y en 2030 EE.UU. fuera capaz de producir 700.000 barriles de etanol por día, habríamos logrado compensar aproximadamente un 6% de nuestras necesidades de combustible para el transporte.
¿Es etanol realmente un combustible renovable? Tal vez no lo sea. Un artículo en la revista Science en 2006 muestra que, sobre la base de investigadores de la Universidad de California Berkeley, sólo entre un 5% y un 26% de la energía en etanol es "renovable." El combustible fósil requerido para cultivar y procesar el etanol, negó en realidad la mayor parte de su valor energético.
¿Son realmente mejores para el medioambiente los biocombustibles? Tal vez no lo sean: Datos de la Universidad de Edimburgo muestran que los biocombustibles producen altos niveles de óxido nitroso, un gas invernadero 300 veces más potente que el CO2. En total pueden producir un 70% más de emisiones de gas invernadero que los combustibles fósiles.
¿Podremos producir niveles importantes de cultivos energéticos sin tener impacto en los suministros y precios de alimentos del mundo? Tal vez no. La producción de biocombustibles podría aumentar los precios de alimentos hasta entre un 20% y un 40% según el Instituto de Investigación de Política Alimentaria Internacional en Washington.
La producción de biocombustibles depende de miles de millones de dólares en subsidios gubernamentales en la forma de garantías de préstamos para la construcción de plantas de biocombustibles, exenciones de impuestos para biocombustibles y pagos directos a los agricultores. Un estudio de 2006 del Instituto Internacional por el Desarrollo Sostenible mostró un coste anual en subsidios de 1,05 a 1,38 dólares por galón de etanol producido, un total de 7.000 millones de dólares. ¿Cuánto estamos dispuestos a gastar y para qué?
Los biocombustibles son una estafa pintada de verde, una solución "para sentirse bien" de cara al fin del petróleo barato. Cuando se considera el sistema agrícola industrial que es necesario para su producción, los biocombustibles son cualquier cosa pero no sostenibles. Los costosos insumos de combustible, fertilizante y semillas biotecnológicas cuestionarán la rentabilidad de los agricultores del norte, mientras los agricultores campesinos seguirán siendo expulsados para crear sitio para los monocultivos de maíz, soya, caña de azúcar y palmas de aceite. Subirán los precios de alimentos, aumentarán el hambre y la pobreza y no estaremos más cerca de la independencia energética o de combustibles verdaderamente renovables.
Ahora, cuando el presidente y el Congreso nos han atrapado, mediante las Leyes de "Farm and Energy" en la producción en gran escala de cultivos energéticos y en la creencia de que podemos seguir viviendo, sin ser afectados, nuestras vidas como de costumbre, ¿qué debemos hacer? Necesitamos soluciones energéticas que funcionen, estándares duros para el uso de combustible en los vehículos, nuevos sistemas públicos de transporte, energías verdaderamente renovables como la energía eólica y solar y compromisos vinculantes con la conservación y el reciclaje, ahora, no con promesas poco realistas para el año 2030.
Así que, la próxima vez que conduzcamos al supermercado y nos quejemos por los precios elevados, y luego carguemos nuestro vehículo todo terreno con combustible flexible, ¿pensaremos en el 50% de la población del mundo que vive con menos de dos dólares al día? ¿Consideraremos siquiera que al caer en la estafa del biocombustible también nos apoderamos de su soberanía alimentaria y podríamos haberla condenado a muerte?
Biodiversidad: el paraíso perdido
No soy un ecologista fanático; no antepongo un supuesto “mundo natural” al mundo humano. Milito en la corriente del pensamiento ecológico conocida como ecología social o socioecológica, corriente esta que incluye a los desajustes socioeconómicos humanos como uno de los principales problemas ambientales; una corriente que supera la trampa epistemológica del reduccionismo biologicista en que caen la mayoría de las tendencias ecológicas y ambientales contemporáneas, trampa que arrebata o desconoce los contenidos políticos y socioeconómicos inherentes a toda propuesta ecológica.
Entiendo que la lucha por la defensa del ambiente está indisolublemente ligada a la lucha contra la explotación y la depredación capitalista; entiendo que no puede existir una sociedad sustentable dentro de la lógica del capital, y que la lucha por la defensa del entorno incluye indefectiblemente la lucha por la defensa del ser humano, tan agredido, tan alienado, tan cosificado y mercantilizado por la sociedad capitalista que su propia existencia ha perdido sentido; sin embargo, cada cierto tiempo mientras hago caminatas por los bosques del parque nacional Burro Negro, o por las montañas de la serranía del Paujil en el centro occidente de Venezuela, o camino en soledad frente al mar caribe, me complazco en imaginar como sería hoy el ecosistema terrestre si por algún azar evolutivo hace 2 millones de años el género Homínido no hubiera producido la rama del Homo Sapiens. Alejado del ruido de los hombres, envuelto por los sonidos de la naturaleza no antropizada, sueño despierto con un mundo que fue, y que ya no es ni volverá a ser.
Liberados mi mente y mi espíritu de las limitaciones del cuerpo y de la razón vuelo a través de un mundo maravilloso y ancestral, con imágenes que me son familiares y extrañas a la vez: veo una tierra llena de bosques, miles, millones de kilómetros cuadrados de una cúpula vegetal que se extiende en cada continente casi desde la orilla del mar hasta las mas altas montañas. ¡Una masa boscosa colosal! Como consecuencia de ella el aire es limpio y de una pureza indescriptible. En mi recorrido el cielo está inundado de bandadas de aves de todo tipo y colorido: sobre los cielos de Norteamérica miles de millones de palomas migratorias (hoy extintas) sobrevuelan los bosques de pinos, robles, abetos, arces y encinas. Acá en Venezuela, el firmamento de los cielos llaneros se puebla con decenas de miles de garza, loros, corocoras y ciento de especies que colorean la luz solar con tonos caleidoscópicos.
En las praderas norteamericanas mas de 80 millones de Bisontes hacen retemblar la tierra al huir de las manadas de lobos y de los Smylodon (Tigres dientes de sable) que los persiguen; cerca de ellos, majestuosas manadas de mamuts pacen en las frías praderas. Los océanos hierven de vida. Más de 400 mil Ballenas azules y cientos de miles de otras especies de Ballenas inundan con sus cantos la inmensidad del mar.
Las aguas oceánicas del todo el mundo rebosan pletóricas de vida; incontables y descomunales cardúmenes de Sardinas, Anchoas, Atunes, Bacalaos, Salmones y ciento de especies mas, incluyendo a sus depredadores, hacen que sea difícil recordar los desiertos en que el hombre ha convertido hoy a los mares.
En Europa los extensos rebaños de Úros, de Jabalíes, de Corzos, Renos, de Alces Gigantes, de Bisontes, de Rinocerontes lanudos, de Mamuts y muchas otras especies, vagan por entre sus bosques y llanuras, acechados por Lobos, Tigres siberianos y por Leones y Osos de las cavernas al norte y por Tigres caspianos y manadas de Leones del Atlas al sur.
El norte de África es un vergel que en nada se asemeja a las desérticas imágenes que hoy nos resultan comunes. La gran megafauna Africana (Elefantes, Jirafas, Ñues, Leones, Hipopótamos, Rinocerontes, etc…) hoy confinadas a pequeños espacios del África Oriental, llena con su presencia cada espacio disponible desde el Delta del Nilo en el Oriente, hasta las riberas del Atlántico en Occidente. El desierto del Sahara tiene una décima parte del tamaño que posee hoy, y cada año que pasa tiende a reducirse frente al avance inexorable de lo verde.
Las llanuras del creciente fértil, en el actual Irak, no son el desierto radioactivo en que los bárbaros y criminales invasores lo han convertido hoy; son pantanos y marismas de una gran belleza y amplio despliegue de vida, por algo las cosmogonías Judeocristianas y Musulmanas ubicaron allí el jardín del Edén .
La India y las islas del Asia suroriental son monumentos a la biodiversidad y a la hermosura; aun hoy, luego de milenios de devastación humana, la singularidad de sus parajes impacta y sobrecoge.
Los territorios de lo que hoy es China exhiben paisaje magnificentes, con grandes manadas de Elefantes y Rinocerontes, con decenas de miles de Tigres, Pandas y Osos, con sus Baiji (Delfines) saltando entre las aguas del Yang Tse.
La vida estalla en grandeza y biodiversidad por dondequiera que me lleva mi imaginario viaje. Me sorprendo al mirar cara a cara aves gigantes: Moas en Nueva Zelanda, Aves Elefantes en Madagascar, Alcas gigantes en la costa canadiense y Dodos en Mauricio.
En Australia la diversidad y complejidad de los marsupiales es asombrosa: incontables Canguros Gigantes, Diprodontes, Tilacinos (Lobos de Tasmania) y Leones Marsupiales.
El clima de la tierra sin haber sufrido milenios de deforestación e incendios provocados por el hombre y sin gases producto de la combustión de hidrocarburos es más frío que el actual.
Lo que a mis ojos y a mi espíritu se muestra es el verdadero Jardín del Edén, y según creo, nosotros los seres humanos no fuimos los destinatarios de este paraíso, por el contrario, estoy totalmente convencido de que en realidad los humanos fuimos y somos la serpiente que trajo la muerte y el pecado a este Edén llamado tierra. Ojala que aun haya tiempo para que la evolución del espíritu humano nos conduzca en un cercano futuro a asumir la culpa de nuestros actos como especie y comencemos la búsqueda que nos regresen al paraíso perdido.
Joel Sangronis Padrón
Entiendo que la lucha por la defensa del ambiente está indisolublemente ligada a la lucha contra la explotación y la depredación capitalista; entiendo que no puede existir una sociedad sustentable dentro de la lógica del capital, y que la lucha por la defensa del entorno incluye indefectiblemente la lucha por la defensa del ser humano, tan agredido, tan alienado, tan cosificado y mercantilizado por la sociedad capitalista que su propia existencia ha perdido sentido; sin embargo, cada cierto tiempo mientras hago caminatas por los bosques del parque nacional Burro Negro, o por las montañas de la serranía del Paujil en el centro occidente de Venezuela, o camino en soledad frente al mar caribe, me complazco en imaginar como sería hoy el ecosistema terrestre si por algún azar evolutivo hace 2 millones de años el género Homínido no hubiera producido la rama del Homo Sapiens. Alejado del ruido de los hombres, envuelto por los sonidos de la naturaleza no antropizada, sueño despierto con un mundo que fue, y que ya no es ni volverá a ser.
Liberados mi mente y mi espíritu de las limitaciones del cuerpo y de la razón vuelo a través de un mundo maravilloso y ancestral, con imágenes que me son familiares y extrañas a la vez: veo una tierra llena de bosques, miles, millones de kilómetros cuadrados de una cúpula vegetal que se extiende en cada continente casi desde la orilla del mar hasta las mas altas montañas. ¡Una masa boscosa colosal! Como consecuencia de ella el aire es limpio y de una pureza indescriptible. En mi recorrido el cielo está inundado de bandadas de aves de todo tipo y colorido: sobre los cielos de Norteamérica miles de millones de palomas migratorias (hoy extintas) sobrevuelan los bosques de pinos, robles, abetos, arces y encinas. Acá en Venezuela, el firmamento de los cielos llaneros se puebla con decenas de miles de garza, loros, corocoras y ciento de especies que colorean la luz solar con tonos caleidoscópicos.
En las praderas norteamericanas mas de 80 millones de Bisontes hacen retemblar la tierra al huir de las manadas de lobos y de los Smylodon (Tigres dientes de sable) que los persiguen; cerca de ellos, majestuosas manadas de mamuts pacen en las frías praderas. Los océanos hierven de vida. Más de 400 mil Ballenas azules y cientos de miles de otras especies de Ballenas inundan con sus cantos la inmensidad del mar.
Las aguas oceánicas del todo el mundo rebosan pletóricas de vida; incontables y descomunales cardúmenes de Sardinas, Anchoas, Atunes, Bacalaos, Salmones y ciento de especies mas, incluyendo a sus depredadores, hacen que sea difícil recordar los desiertos en que el hombre ha convertido hoy a los mares.
En Europa los extensos rebaños de Úros, de Jabalíes, de Corzos, Renos, de Alces Gigantes, de Bisontes, de Rinocerontes lanudos, de Mamuts y muchas otras especies, vagan por entre sus bosques y llanuras, acechados por Lobos, Tigres siberianos y por Leones y Osos de las cavernas al norte y por Tigres caspianos y manadas de Leones del Atlas al sur.
El norte de África es un vergel que en nada se asemeja a las desérticas imágenes que hoy nos resultan comunes. La gran megafauna Africana (Elefantes, Jirafas, Ñues, Leones, Hipopótamos, Rinocerontes, etc…) hoy confinadas a pequeños espacios del África Oriental, llena con su presencia cada espacio disponible desde el Delta del Nilo en el Oriente, hasta las riberas del Atlántico en Occidente. El desierto del Sahara tiene una décima parte del tamaño que posee hoy, y cada año que pasa tiende a reducirse frente al avance inexorable de lo verde.
Las llanuras del creciente fértil, en el actual Irak, no son el desierto radioactivo en que los bárbaros y criminales invasores lo han convertido hoy; son pantanos y marismas de una gran belleza y amplio despliegue de vida, por algo las cosmogonías Judeocristianas y Musulmanas ubicaron allí el jardín del Edén .
La India y las islas del Asia suroriental son monumentos a la biodiversidad y a la hermosura; aun hoy, luego de milenios de devastación humana, la singularidad de sus parajes impacta y sobrecoge.
Los territorios de lo que hoy es China exhiben paisaje magnificentes, con grandes manadas de Elefantes y Rinocerontes, con decenas de miles de Tigres, Pandas y Osos, con sus Baiji (Delfines) saltando entre las aguas del Yang Tse.
La vida estalla en grandeza y biodiversidad por dondequiera que me lleva mi imaginario viaje. Me sorprendo al mirar cara a cara aves gigantes: Moas en Nueva Zelanda, Aves Elefantes en Madagascar, Alcas gigantes en la costa canadiense y Dodos en Mauricio.
En Australia la diversidad y complejidad de los marsupiales es asombrosa: incontables Canguros Gigantes, Diprodontes, Tilacinos (Lobos de Tasmania) y Leones Marsupiales.
El clima de la tierra sin haber sufrido milenios de deforestación e incendios provocados por el hombre y sin gases producto de la combustión de hidrocarburos es más frío que el actual.
Lo que a mis ojos y a mi espíritu se muestra es el verdadero Jardín del Edén, y según creo, nosotros los seres humanos no fuimos los destinatarios de este paraíso, por el contrario, estoy totalmente convencido de que en realidad los humanos fuimos y somos la serpiente que trajo la muerte y el pecado a este Edén llamado tierra. Ojala que aun haya tiempo para que la evolución del espíritu humano nos conduzca en un cercano futuro a asumir la culpa de nuestros actos como especie y comencemos la búsqueda que nos regresen al paraíso perdido.
Joel Sangronis Padrón
La fase capitalista de la devastación
Quizás deberíamos destacar al año 2007 como el año en que definitivamente se instaló en el debate público el tema del cambio climático. Y que sea así, sin duda, es algo bueno. Ahora, tampoco podemos engañarnos, posiblemente esto se haya debido a causas fortuitas más que a cualquiera otra razón, aún a sabiendas que hace mucho tiempo que venimos padeciendo sus catastróficas consecuencias .
Cambio climático: el convidado de piedra. Por lo pronto, si la discusión sobre este tema ha quedado planteada, tal cosa no ha ocurrido por la voluntad manifiesta de algunos líderes "esclarecidos", de esos que abundan en las direcciones de los países del mundo desarrollado, a los que muy poco les ha importado este tema. El caso más notorio es el del principal país contaminante, Estados Unidos. Los sucesivos gobiernos norteamericanos, tanto demócratas como republicanos, se han negado una y otra vez a suscribir el Protocolo de Kyoto, que a esta altura ha quedado convertido en un mero acercamiento al problema, ya que dicha iniciativa ha sido ampliamente superado por los propios problemas que trata de controlar.
Tampoco ha sido por voluntad de los grandes medios de comunicación que esta cuestión ha tomado vida propia. Más bien, el cambio climático se ha colado de improviso en sus agendas, y ante el hecho consumado, las grandes cadenas han sabido aprovecharse de él y lo han comenzado a vender como "contenido catástrofe", que obviamente factura de maravillas. Pedirle a estos grandes medios que creen conciencia sobre este particular, más allá de un mero "recicle el plástico" o "separe la basura orgánica de la inorgánica", sería contravenir la misma razón de ser de estos multimedios globales, que son totalmente funcionales al sistema, de modo que por nada del mundo lo vulnerarían, y mucho menos por un asunto tan grave como este.
No estaría bien pasar por alto, en estas consideraciones, la oportunista película de Al Gore, quien, como todos sabemos, ha sido un mediocre político norteamericano, que luego de su fracaso por llegar a la Presidencia de su país, ha querido probar suerte con el cine. Y parece que con esto le ha ido bastante mejor que con la política.
No podemos dejar de reconocerlo, esta película ha concitado la atención de muchos sobre los peligros que encierra el cambio climático. Pero la misma, y en forma manifiesta, deja totalmente de lado las consideraciones sobre las verdaderas causas del problema. Además, su exhibición ha puesto en evidencia el doble discurso de este señor: ¿cuánto hizo Al Gore mientras fue el vicepresidente de la potencia que más contamina y destruye al Mundo para no llegar a este estado de cosas? ¿En qué ayudó para que la Humanidad no padeciera las catástrofes que le ha tocado vivir desde entonces, que en muy buena parte son producto directo de la acción irresponsable de su Nación? Nada. Sencillamente nada. Ahora es muy fácil "vociferar" (eso sí, sin ofender a ninguno de los intereses para los que gobernó) a través del cine .
Llamándole a las cosas por su nombre . Pues bien, mientras todo esto ocurre, la causa primordial que hace a este gran problema que enfrenta la Humanidad hoy y que pone en serio peligro su futuro, sigue siendo soslayado, sigue siendo dejado de lado. Los gobiernos de los países centrales, los grandes medios, y hasta una película, no hacen más que detenerse en los síntomas de la enfermedad y recetan medidas paliativas para que todo siga como está.
Por su parte, los movimientos ecologistas no se cansan de hablar de reglamentaciones ambientales, de formas de producción amigables con la naturaleza, y muchas otras cosas por el estilo que ciertamente son necesarias pero de ningún modo son suficientes.
No podemos seguir haciéndole el juego a los intereses dominantes sumándonos a los cambios de fachada mientras se nos cae a pedazos el resto de la casa. Ya es hora de que comencemos a llamar a las cosas por su nombre. El cambio climático es consecuencia directa y total del modo de organización económica, social y política que rige al Mundo: el capitalismo todopoderoso que ya no le basta con expoliar al Hombre, su voracidad también le impone la depredación de la Tierra. Claro está, hasta que nada quede .
La fase capitalista de la devastación, Naturalmente que quienes rigen al Mundo y aquellos que los sirven difundiendo el mensaje del pensamiento único que los sustenta, no dejan ni un solo día de jactarse del grado de desarrollo que ha logrado la Humanidad hasta el presente gracias a la imposición del sistema capitalista "Urbi et Orbi".
Sin embargo, para nada se jactan de que sea este modelo, y no otro, el que condena a casi 1500 millones de hombres y mujeres (un cuarto de la población mundial) a que vivan en la más absoluta indigencia y con una esperanza de vida que no supera los 29 años. Y a 1500 millones más los relega a que padezcan la pobreza extrema, y no con muchas más esperanzas que la de los anteriores, ni de vida, ni de ninguna otra especie. Tampoco se jactan de que sea este sistema, y no otro, el que destina millones de veces más recursos para la guerra que aquellos que serían necesarios para acabar con el hambre y las enfermedades curables que arrasan a miles de millones de pobres de nuestros días.
Pero lo mejor de todo es que detestan que a este modelo se lo califique con un adjetivo que sintetiza y define al milímetro la esencia primera y última del mismo, porque cuando hablamos de capitalismo, en cualquier lengua y en cualquier lugar del Mundo, hablamos de capitalismo salvaje. Es así de sencillo. La naturaleza misma del sistema lo vuelve ávido e insaciable, como la peor de las bestias animales tras su presa.
Ahora, lo que no hemos destacado lo suficiente, sobre todo en estos últimos años, es que el capitalismo, sin oposición ni frenos, ha ido mucho más allá, ha alcanzado un nivel superior en su evolución: a esta altura vivimos en lo que nos atreveríamos a llamar como la fase capitalista de la devastación. Sí, el capitalismo rampante de las últimas décadas ha alcanzando un estadio superior en su desarrollo, hoy ya no alcanza con explotar al Hombre, también es necesario esquilmar a la Tierra. Ese afán de lucro descomunal, de competencia feroz y de consumo desmedido que impone el sistema, que jamás se detuvo ni siquiera ante la vida humana arrasada, es el mismo que en su lógica voraz va dejando agotados, uno a uno, a todos los recursos naturales hasta que el Mundo, en sus cuatro puntos cardinales, se vuelva un páramo carente de toda forma de vida .
La nueva forma del neocolonialismo: las transnacionales . Debemos reconocerlo: el sistema capitalista se ha vuelto mucho más eficiente en estos últimos tiempos. En un principio, el modelo se aseguraba el dominio de los recursos naturales vitales mediante la conquista colonial, o los regímenes títeres que, por ejemplo, tanto padecimos en América Latina. Pero los reclamos de independencia política de los pueblos sometidos hicieron inviable estos métodos y el capitalismo cambió la estrategia: puso todo su peso en la imposición a nivel global del sistema neoliberal hasta extremos inconcebibles (muchas veces, incluso, a sangre y fuego dictaduras mediante) que luego del derrumbe del "socialismo real" tuvo todo el terreno libre a sus anchas.
A partir de allí el papel primordial en este juego lo pasaron a tener las grandes transnacionales (obviamente con todo el respaldo de los poderes centrales detrás suyo), que ante el creciente consumo y la también creciente escasez de los recursos básicos deben acceder directamente, globalización mediante, a los lugares donde éstos todavía abundan en los países del Tercer Mundo.
Y nosotros desde aquí, aún con gobiernos supuestamente "progresistas" o de "izquierda" seguimos abriendo las puertas y recibiendo con alfombras rojas a toda estas empresas multinacionales a través de la ahora "bendita" inversión extranjera que, sin ningún prurito, viene a quedarse con nuestras riquezas hasta dejarlas exhaustas. Pero peor aún, nuestros gobiernos le brindan todo tipo de beneficios extras que ninguna de las propias empresas nacionales jamás han tenido.
Claro está, nuestros gobernantes se excusan que sólo con la inversión extranjera es posible el desarrollo. De este modo desconocen más de dos siglos de experiencias por el estilo, que lo único que han traído a nuestros pueblos es más pobreza, más atraso y más postergaciones. Ni siquiera para las potencias económicas emergentes (China, India, Brasil) es viable un modelo de desarrollo capitalista. Hace muchos años que estas economías vienen creciendo a tasas muy altas, es verdad, pero el tan ansiado desarrollo que debe abarcar a todo el pueblo y mejorar definitivamente su forma de vida (eso es lo mínimo a lo que deberíamos aspirar en tal caso), nunca llega, ni llegará bajo este modelo. Olvidamos las enseñanzas históricas y volvemos a cometer los mismos errores .
Las cosas por las que vale la pena vivir no cotizan en ningún mercado . Obviamente la otra cara de esta moneda es el consumo desmedido que el propio sistema alienta y propicia. En este estado de cosas la población más rica del planeta despilfarra sin freno los recursos no renovables y el fin último de la propia vida pareciera que se reduce a colmar las ansias individuales con alguna cosa que tenga valor comercial.
Entonces, corresponde que nos preguntemos: ¿cuándo se va a limitar el incontrolable consumismo del Primer Mundo? Consumismo que absurdamente dilapida los cada vez más escasos recursos energéticos, a la vez que vierte a la atmósfera la inmensa mayoría de los gases de efecto invernadero. Un sólo ejemplo. Cada año que pasa se fabrican vehículos más potentes que consumen mayor cantidad de combustible por kilómetro recorrido. Esos automóviles suelen recorrer enormes distancias a diario para transportar tan sólo a su conductor. ¿Qué se hace por evitar este insensato derroche? Absolutamente nada. Es que si algo hicieran estarían atentando contra la sacrosanta libertad de mercado, violarían la sagrada satisfacción individual del consumidor (que encontró la felicidad al conducir su mini camión en formato camioneta), y vulnerarían al inmaculado espíritu de empresa de las grandes transnacionales del automóvil y del petróleo que deben seguir facturando y aumentando sus ganancias a como dé lugar.
Lamentablemente, si seguimos siendo parte de este tipo de engranajes de consumo, aún sin quererlo y desde la oposición más férrea al sistema, mal que nos pese lo estamos convalidando, estamos siendo el vehículo de su lucro desmedido, estamos empujando por un Mundo que no es el nuestro, por un Mundo que no es el queremos para nuestros hijos.
Algún día podremos cambiar nuestra mentalidad y reformular nuestros valores. Será el día que definitivamente entendamos que los cosas por las que vale la pena vivir, son aquellas que no cotizan en bolsa ni se venden en ningún mercado. Sin demoras deberíamos empezar a predicar con el ejemplo.
No queda más, entonces, que asumir nuestras responsabilidades. Debemos ser conscientes, y más que nada, debemos crear conciencia: el reloj del Mundo se echó a andar y ya comenzó con la cuenta regresiva. Todo se lo debemos al capitalismo que nació nutriéndose de la sangre de los esclavos, de la sangre de los oprimidos, y de la sangre de los trabajadores, pero que ahora, más voraz e insaciable que nunca, además, necesita de la sangre de la Tierra, y nada va a pararlo hasta dejarla seca. No podemos permitir que este sea el destino de nuestro Mundo. Sólo el socialismo y el Hombre Nuevo, podrán salvar al futuro de la Humanidad y también, al de su generoso suelo. Nuestros hijos y nietos se merecen un lugar más justo dónde vivir. En este Mundo, claro está, no en otro .
Cambio climático: el convidado de piedra. Por lo pronto, si la discusión sobre este tema ha quedado planteada, tal cosa no ha ocurrido por la voluntad manifiesta de algunos líderes "esclarecidos", de esos que abundan en las direcciones de los países del mundo desarrollado, a los que muy poco les ha importado este tema. El caso más notorio es el del principal país contaminante, Estados Unidos. Los sucesivos gobiernos norteamericanos, tanto demócratas como republicanos, se han negado una y otra vez a suscribir el Protocolo de Kyoto, que a esta altura ha quedado convertido en un mero acercamiento al problema, ya que dicha iniciativa ha sido ampliamente superado por los propios problemas que trata de controlar.
Tampoco ha sido por voluntad de los grandes medios de comunicación que esta cuestión ha tomado vida propia. Más bien, el cambio climático se ha colado de improviso en sus agendas, y ante el hecho consumado, las grandes cadenas han sabido aprovecharse de él y lo han comenzado a vender como "contenido catástrofe", que obviamente factura de maravillas. Pedirle a estos grandes medios que creen conciencia sobre este particular, más allá de un mero "recicle el plástico" o "separe la basura orgánica de la inorgánica", sería contravenir la misma razón de ser de estos multimedios globales, que son totalmente funcionales al sistema, de modo que por nada del mundo lo vulnerarían, y mucho menos por un asunto tan grave como este.
No estaría bien pasar por alto, en estas consideraciones, la oportunista película de Al Gore, quien, como todos sabemos, ha sido un mediocre político norteamericano, que luego de su fracaso por llegar a la Presidencia de su país, ha querido probar suerte con el cine. Y parece que con esto le ha ido bastante mejor que con la política.
No podemos dejar de reconocerlo, esta película ha concitado la atención de muchos sobre los peligros que encierra el cambio climático. Pero la misma, y en forma manifiesta, deja totalmente de lado las consideraciones sobre las verdaderas causas del problema. Además, su exhibición ha puesto en evidencia el doble discurso de este señor: ¿cuánto hizo Al Gore mientras fue el vicepresidente de la potencia que más contamina y destruye al Mundo para no llegar a este estado de cosas? ¿En qué ayudó para que la Humanidad no padeciera las catástrofes que le ha tocado vivir desde entonces, que en muy buena parte son producto directo de la acción irresponsable de su Nación? Nada. Sencillamente nada. Ahora es muy fácil "vociferar" (eso sí, sin ofender a ninguno de los intereses para los que gobernó) a través del cine .
Llamándole a las cosas por su nombre . Pues bien, mientras todo esto ocurre, la causa primordial que hace a este gran problema que enfrenta la Humanidad hoy y que pone en serio peligro su futuro, sigue siendo soslayado, sigue siendo dejado de lado. Los gobiernos de los países centrales, los grandes medios, y hasta una película, no hacen más que detenerse en los síntomas de la enfermedad y recetan medidas paliativas para que todo siga como está.
Por su parte, los movimientos ecologistas no se cansan de hablar de reglamentaciones ambientales, de formas de producción amigables con la naturaleza, y muchas otras cosas por el estilo que ciertamente son necesarias pero de ningún modo son suficientes.
No podemos seguir haciéndole el juego a los intereses dominantes sumándonos a los cambios de fachada mientras se nos cae a pedazos el resto de la casa. Ya es hora de que comencemos a llamar a las cosas por su nombre. El cambio climático es consecuencia directa y total del modo de organización económica, social y política que rige al Mundo: el capitalismo todopoderoso que ya no le basta con expoliar al Hombre, su voracidad también le impone la depredación de la Tierra. Claro está, hasta que nada quede .
La fase capitalista de la devastación, Naturalmente que quienes rigen al Mundo y aquellos que los sirven difundiendo el mensaje del pensamiento único que los sustenta, no dejan ni un solo día de jactarse del grado de desarrollo que ha logrado la Humanidad hasta el presente gracias a la imposición del sistema capitalista "Urbi et Orbi".
Sin embargo, para nada se jactan de que sea este modelo, y no otro, el que condena a casi 1500 millones de hombres y mujeres (un cuarto de la población mundial) a que vivan en la más absoluta indigencia y con una esperanza de vida que no supera los 29 años. Y a 1500 millones más los relega a que padezcan la pobreza extrema, y no con muchas más esperanzas que la de los anteriores, ni de vida, ni de ninguna otra especie. Tampoco se jactan de que sea este sistema, y no otro, el que destina millones de veces más recursos para la guerra que aquellos que serían necesarios para acabar con el hambre y las enfermedades curables que arrasan a miles de millones de pobres de nuestros días.
Pero lo mejor de todo es que detestan que a este modelo se lo califique con un adjetivo que sintetiza y define al milímetro la esencia primera y última del mismo, porque cuando hablamos de capitalismo, en cualquier lengua y en cualquier lugar del Mundo, hablamos de capitalismo salvaje. Es así de sencillo. La naturaleza misma del sistema lo vuelve ávido e insaciable, como la peor de las bestias animales tras su presa.
Ahora, lo que no hemos destacado lo suficiente, sobre todo en estos últimos años, es que el capitalismo, sin oposición ni frenos, ha ido mucho más allá, ha alcanzado un nivel superior en su evolución: a esta altura vivimos en lo que nos atreveríamos a llamar como la fase capitalista de la devastación. Sí, el capitalismo rampante de las últimas décadas ha alcanzando un estadio superior en su desarrollo, hoy ya no alcanza con explotar al Hombre, también es necesario esquilmar a la Tierra. Ese afán de lucro descomunal, de competencia feroz y de consumo desmedido que impone el sistema, que jamás se detuvo ni siquiera ante la vida humana arrasada, es el mismo que en su lógica voraz va dejando agotados, uno a uno, a todos los recursos naturales hasta que el Mundo, en sus cuatro puntos cardinales, se vuelva un páramo carente de toda forma de vida .
La nueva forma del neocolonialismo: las transnacionales . Debemos reconocerlo: el sistema capitalista se ha vuelto mucho más eficiente en estos últimos tiempos. En un principio, el modelo se aseguraba el dominio de los recursos naturales vitales mediante la conquista colonial, o los regímenes títeres que, por ejemplo, tanto padecimos en América Latina. Pero los reclamos de independencia política de los pueblos sometidos hicieron inviable estos métodos y el capitalismo cambió la estrategia: puso todo su peso en la imposición a nivel global del sistema neoliberal hasta extremos inconcebibles (muchas veces, incluso, a sangre y fuego dictaduras mediante) que luego del derrumbe del "socialismo real" tuvo todo el terreno libre a sus anchas.
A partir de allí el papel primordial en este juego lo pasaron a tener las grandes transnacionales (obviamente con todo el respaldo de los poderes centrales detrás suyo), que ante el creciente consumo y la también creciente escasez de los recursos básicos deben acceder directamente, globalización mediante, a los lugares donde éstos todavía abundan en los países del Tercer Mundo.
Y nosotros desde aquí, aún con gobiernos supuestamente "progresistas" o de "izquierda" seguimos abriendo las puertas y recibiendo con alfombras rojas a toda estas empresas multinacionales a través de la ahora "bendita" inversión extranjera que, sin ningún prurito, viene a quedarse con nuestras riquezas hasta dejarlas exhaustas. Pero peor aún, nuestros gobiernos le brindan todo tipo de beneficios extras que ninguna de las propias empresas nacionales jamás han tenido.
Claro está, nuestros gobernantes se excusan que sólo con la inversión extranjera es posible el desarrollo. De este modo desconocen más de dos siglos de experiencias por el estilo, que lo único que han traído a nuestros pueblos es más pobreza, más atraso y más postergaciones. Ni siquiera para las potencias económicas emergentes (China, India, Brasil) es viable un modelo de desarrollo capitalista. Hace muchos años que estas economías vienen creciendo a tasas muy altas, es verdad, pero el tan ansiado desarrollo que debe abarcar a todo el pueblo y mejorar definitivamente su forma de vida (eso es lo mínimo a lo que deberíamos aspirar en tal caso), nunca llega, ni llegará bajo este modelo. Olvidamos las enseñanzas históricas y volvemos a cometer los mismos errores .
Las cosas por las que vale la pena vivir no cotizan en ningún mercado . Obviamente la otra cara de esta moneda es el consumo desmedido que el propio sistema alienta y propicia. En este estado de cosas la población más rica del planeta despilfarra sin freno los recursos no renovables y el fin último de la propia vida pareciera que se reduce a colmar las ansias individuales con alguna cosa que tenga valor comercial.
Entonces, corresponde que nos preguntemos: ¿cuándo se va a limitar el incontrolable consumismo del Primer Mundo? Consumismo que absurdamente dilapida los cada vez más escasos recursos energéticos, a la vez que vierte a la atmósfera la inmensa mayoría de los gases de efecto invernadero. Un sólo ejemplo. Cada año que pasa se fabrican vehículos más potentes que consumen mayor cantidad de combustible por kilómetro recorrido. Esos automóviles suelen recorrer enormes distancias a diario para transportar tan sólo a su conductor. ¿Qué se hace por evitar este insensato derroche? Absolutamente nada. Es que si algo hicieran estarían atentando contra la sacrosanta libertad de mercado, violarían la sagrada satisfacción individual del consumidor (que encontró la felicidad al conducir su mini camión en formato camioneta), y vulnerarían al inmaculado espíritu de empresa de las grandes transnacionales del automóvil y del petróleo que deben seguir facturando y aumentando sus ganancias a como dé lugar.
Lamentablemente, si seguimos siendo parte de este tipo de engranajes de consumo, aún sin quererlo y desde la oposición más férrea al sistema, mal que nos pese lo estamos convalidando, estamos siendo el vehículo de su lucro desmedido, estamos empujando por un Mundo que no es el nuestro, por un Mundo que no es el queremos para nuestros hijos.
Algún día podremos cambiar nuestra mentalidad y reformular nuestros valores. Será el día que definitivamente entendamos que los cosas por las que vale la pena vivir, son aquellas que no cotizan en bolsa ni se venden en ningún mercado. Sin demoras deberíamos empezar a predicar con el ejemplo.
No queda más, entonces, que asumir nuestras responsabilidades. Debemos ser conscientes, y más que nada, debemos crear conciencia: el reloj del Mundo se echó a andar y ya comenzó con la cuenta regresiva. Todo se lo debemos al capitalismo que nació nutriéndose de la sangre de los esclavos, de la sangre de los oprimidos, y de la sangre de los trabajadores, pero que ahora, más voraz e insaciable que nunca, además, necesita de la sangre de la Tierra, y nada va a pararlo hasta dejarla seca. No podemos permitir que este sea el destino de nuestro Mundo. Sólo el socialismo y el Hombre Nuevo, podrán salvar al futuro de la Humanidad y también, al de su generoso suelo. Nuestros hijos y nietos se merecen un lugar más justo dónde vivir. En este Mundo, claro está, no en otro .
Batalla entre alimentos y combustibles, un problema actual
La producción de etanol a partir del maíz se está haciendo mundialmente intensiva. Ejemplo de ello es que en Estados Unidos se emplean alrededor de 3,3 millones de hectáreas de tierras --con un requerimiento masivo de energía para fertilizar, desmalezar y cosechar ese grano--, para producir 10,6 billones de litros de etanol que, a su vez, tan solo proveen el dos por ciento anual de la gasolina utilizada por los automóviles que recorren ese extenso país. Datos recientes de los 50 Estados de la Unión consideran que la producción de etanol carece de beneficio energético neto y requiere más energía fósil producirla comparado con lo verdaderamente producido. En resumen, y debido a la relativa baja densidad energética del etanol, aproximadamente tres galones de este producto son necesarios para reemplazar dos de gasolina.
No obstante, la producción norteamericana de etanol beneficia anualmente a los gigantes del agronegocio. Según estadísticas, en 1980 se introdujo un impuesto a este producto, pero hizo una excepción de 54 centavos por galón para aquellos utilizados en alconafta (nafta con un 10 por ciento de etanol), lo que trajo consigo un subsidio de 10 billones de dólares para la transnacional Archer Daniels Midland. En 2003 más del 50 por ciento de las refinerías norteamericanas de etanol pertenecían a grupos de agricultores y, en 2006, el 80 por ciento de ellas estaban en manos de sociedades anónimas, con unos 556 millones de dólares en ganancias proyectadas, beneficiando a los productores más grandes. Para el cierre del presente año, se espera que la cifra alcance los 1.3 billones de dólares. Así las cosas no hay que olvidar que la administración de George W. Bush se propone reducir el consumo de gasolina en un 20 por ciento en una década, para lo cual requerirá de unos 35 mil millones de galones anuales de combustibles alternativos para el 2017, además (¡y por supuesto!) de la contribución de proveedores extranjeros de biocombustibles, particularmente de etanol, el más utilizado. Actualmente, el área de tierra agrícola en la Unión es de unos 625 mil acres cuadrados, por lo cual alcanzar la demanda de aceite para biocombustibles requeriría unas 1,4 millones de millas cuadradas de maíz para etanol y unos 8,8 millones de kilómetros cuadrados de soja para biodiesel.
En suma, en la batalla entre alimentos y combustibles, los pobres y quienes sufren hambre en los países en desarrollo, quedarán a merced del Imperio para la definición de los precios de los alimentos, en su mayoría de primera necesidad para grandes grupos poblacionales. Prueba de ello es el incremento en el precio del maíz que, proporcionalmente, condujo a un reciente aumento (de un 400 por ciento) en el precio de la tortilla en México, país miembro del Tratado de Libre Comercio y, como es evidente, sujeto a los dictámenes comerciales de Washington y todo lo que ellos deriven.
Decidir si inyectar comida en los tanques de combustible de 800 millones de automóviles estadounidenses, o hacerla más accesible a los estómagos de, prácticamente, más de tres mil millones de seres humanos del orbe resulta un problema insoslayable que muchos gobiernos deben analizar con seriedad y raciocinio.
No obstante, la producción norteamericana de etanol beneficia anualmente a los gigantes del agronegocio. Según estadísticas, en 1980 se introdujo un impuesto a este producto, pero hizo una excepción de 54 centavos por galón para aquellos utilizados en alconafta (nafta con un 10 por ciento de etanol), lo que trajo consigo un subsidio de 10 billones de dólares para la transnacional Archer Daniels Midland. En 2003 más del 50 por ciento de las refinerías norteamericanas de etanol pertenecían a grupos de agricultores y, en 2006, el 80 por ciento de ellas estaban en manos de sociedades anónimas, con unos 556 millones de dólares en ganancias proyectadas, beneficiando a los productores más grandes. Para el cierre del presente año, se espera que la cifra alcance los 1.3 billones de dólares. Así las cosas no hay que olvidar que la administración de George W. Bush se propone reducir el consumo de gasolina en un 20 por ciento en una década, para lo cual requerirá de unos 35 mil millones de galones anuales de combustibles alternativos para el 2017, además (¡y por supuesto!) de la contribución de proveedores extranjeros de biocombustibles, particularmente de etanol, el más utilizado. Actualmente, el área de tierra agrícola en la Unión es de unos 625 mil acres cuadrados, por lo cual alcanzar la demanda de aceite para biocombustibles requeriría unas 1,4 millones de millas cuadradas de maíz para etanol y unos 8,8 millones de kilómetros cuadrados de soja para biodiesel.
En suma, en la batalla entre alimentos y combustibles, los pobres y quienes sufren hambre en los países en desarrollo, quedarán a merced del Imperio para la definición de los precios de los alimentos, en su mayoría de primera necesidad para grandes grupos poblacionales. Prueba de ello es el incremento en el precio del maíz que, proporcionalmente, condujo a un reciente aumento (de un 400 por ciento) en el precio de la tortilla en México, país miembro del Tratado de Libre Comercio y, como es evidente, sujeto a los dictámenes comerciales de Washington y todo lo que ellos deriven.
Decidir si inyectar comida en los tanques de combustible de 800 millones de automóviles estadounidenses, o hacerla más accesible a los estómagos de, prácticamente, más de tres mil millones de seres humanos del orbe resulta un problema insoslayable que muchos gobiernos deben analizar con seriedad y raciocinio.
Una agricultura amamantada por el sol
Mientras muchos expertos, con Al Gore al frente, nos proponen engañosas soluciones tecnológicas contra el cambio climático –que lo único que pretenden es asegurar y consolidar un modelo de sociedad y de consumo capitalista e injusto–, el mundo rural, en un ejercicio de responsabilidad y sabiduría, nos ofrece propuestas fácilmente aplicables (sólo se requiere voluntad política), efectivas a la vez que transformadoras.
Vía Campesina, el movimiento que reúne a millones de campesinos y productores de todo el mundo, declara "que es tiempo de cambiar de forma radical nuestra forma de producir, transformar, comerciar y consumir alimentos y productos agrícolas". Porque todos los análisis explican que las actuales formas de producción y comercialización de alimentos, además de llevar a millones de familias campesinas a la ruina, son una causa muy significativa (38 por ciento, según el Informe Stern) del calentamiento del planeta.
En un mundo donde los alimentos son considerados una mercancía tenemos diseñados sistemas productivos industriales muy dependientes del petróleo, con un alto gasto energético que empieza en el uso de fertilizantes (se calcula que en fertilizantes se alcanza 2 por ciento del consumo mundial de energía), entre otros productos químicos, y concluye con absurdos desplazamientos de alimentos de una parte a otra del mundo. El documento de análisis elaborado por Vía Campesina pone un ejemplo escalofriante.
Un kilo de espárragos producido en México necesita cinco litros de petróleo para viajar vía aérea hasta Suiza. Sin embargo, un kilo de espárragos producido en Ginebra sólo requiere 0.3 litros de petróleo para llegar al consumidor. Los espárragos y el resto de vegetales comestibles consiguen transformar la energía que los alimenta: energía solar en energía comestible para el resto de la cadena alimentaria. Por lo tanto, podemos escoger entre espárragos contaminantes con sabor a petróleo o espárragos locales amamantados por el Sol.
Las políticas neoliberales no tienen ninguna alternativa sólida a estos modelos productivos, sin importarles sus consecuencias sociales y ecológicas de punto final. En cambio, Vía Campesina nos ofrece un cambio radical basado en la soberanía alimentaria de los pueblos, en una agricultura sostenible a pequeña escala, con muchas manos dedicadas a ella y de poco consumo de energía, que contribuirá a enfriar la Tierra y a transformar la sociedad.
Este nuevo paradigma alimentario es claramente una propuesta factible, de la que todas y todos nos beneficiaremos, a escala global e individual, al poder alimentarnos de productos sanos y sabrosos. Pero para ello, decía, hace falta voluntad política y, en concreto, como explica el documento al que me vengo refiriendo, hoy debemos exigir "el desmantelamiento completo de las compañías de agrocombustibles, que están despojando a los pequeños productores de sus tierras, creando desastres medioambientales; el remplazo de la agricultura industrializada por la agricultura sostenible a pequeña escala, apoyada por verdaderos programas de reforma agraria; la promoción de políticas energéticas sensatas y sostenibles que parten de un menor consumo de energía y la producción de energía solar y biogás por los campesinos del lugar y, por último, la abolición total de los subsidios que llevan al dumping (competencia desleal) de comida barata en los mercados de exportación."
Vía Campesina, el movimiento que reúne a millones de campesinos y productores de todo el mundo, declara "que es tiempo de cambiar de forma radical nuestra forma de producir, transformar, comerciar y consumir alimentos y productos agrícolas". Porque todos los análisis explican que las actuales formas de producción y comercialización de alimentos, además de llevar a millones de familias campesinas a la ruina, son una causa muy significativa (38 por ciento, según el Informe Stern) del calentamiento del planeta.
En un mundo donde los alimentos son considerados una mercancía tenemos diseñados sistemas productivos industriales muy dependientes del petróleo, con un alto gasto energético que empieza en el uso de fertilizantes (se calcula que en fertilizantes se alcanza 2 por ciento del consumo mundial de energía), entre otros productos químicos, y concluye con absurdos desplazamientos de alimentos de una parte a otra del mundo. El documento de análisis elaborado por Vía Campesina pone un ejemplo escalofriante.
Un kilo de espárragos producido en México necesita cinco litros de petróleo para viajar vía aérea hasta Suiza. Sin embargo, un kilo de espárragos producido en Ginebra sólo requiere 0.3 litros de petróleo para llegar al consumidor. Los espárragos y el resto de vegetales comestibles consiguen transformar la energía que los alimenta: energía solar en energía comestible para el resto de la cadena alimentaria. Por lo tanto, podemos escoger entre espárragos contaminantes con sabor a petróleo o espárragos locales amamantados por el Sol.
Las políticas neoliberales no tienen ninguna alternativa sólida a estos modelos productivos, sin importarles sus consecuencias sociales y ecológicas de punto final. En cambio, Vía Campesina nos ofrece un cambio radical basado en la soberanía alimentaria de los pueblos, en una agricultura sostenible a pequeña escala, con muchas manos dedicadas a ella y de poco consumo de energía, que contribuirá a enfriar la Tierra y a transformar la sociedad.
Este nuevo paradigma alimentario es claramente una propuesta factible, de la que todas y todos nos beneficiaremos, a escala global e individual, al poder alimentarnos de productos sanos y sabrosos. Pero para ello, decía, hace falta voluntad política y, en concreto, como explica el documento al que me vengo refiriendo, hoy debemos exigir "el desmantelamiento completo de las compañías de agrocombustibles, que están despojando a los pequeños productores de sus tierras, creando desastres medioambientales; el remplazo de la agricultura industrializada por la agricultura sostenible a pequeña escala, apoyada por verdaderos programas de reforma agraria; la promoción de políticas energéticas sensatas y sostenibles que parten de un menor consumo de energía y la producción de energía solar y biogás por los campesinos del lugar y, por último, la abolición total de los subsidios que llevan al dumping (competencia desleal) de comida barata en los mercados de exportación."
"Actúa ahora contra el cambio climático"
La Asociación Globalízate, integrante de la Campaña Global contra el Cambio Climático, se suma al día global de protesta contra el cambio climático organizando una manifestación en Madrid el día 8 de diciembre de 2007, a las 12 horas en la Puerta del Sol. Ese mismo día los líderes mundiales estarán reunidos con motivo de las conversaciones de las Naciones Unidas para tratar de conseguir un acuerdo de reducción de emisiones tras la finalización del protocolo de Kyoto en 2012 que se celebrarán en Bali, entre el 3 y el 14 de Diciembre.
Ese día se van a celebrar manifestaciones en decenas de ciudades en más de 50 países (Reino Unido, Alemania, EEUU, Canadá, Australia, Bolivia, Japón, etc.)
Globalízate fue una de las muchas asociaciones que organizaron la exitosa manifestación en Madrid en el Día de la Tierra, así como el Apagón del pasado día 15 de noviembre y la jornada contra el cambio climático que se celebró el día 17 de noviembre en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense.
El día 8 de diciembre nos sumamos a la jornada global de manifestaciones porque creemos que no se están tomando las medidas necesarias para evitar que el cambio climático ponga en peligro la vida en el planeta.
Pensamos que sólo, si somos capaces de crear un movimiento global de gran envergadura, conseguiremos que los dirigentes mundiales se decidan a implementar las medidas necesarias para evitar una catástrofe de proporciones inimaginables.
En las Conversaciones de las Naciones Unidas en Bali se discutirá el tratado que reemplazará al de Kyoto, de ahí la importancia que tendrán sus acuerdos. Por eso saldremos a las calles en todos los rincones del mundo para pedir a nuestros dirigentes que tomen medidas ya, dejarlo para mañana será demasiado tarde.
Contactos
Presidente : Mario Cuellar.
Relación con Prensa: Félix Nieto.
Teléfonos de contacto: 626 87 94 13 - 649 92 51 86
Ese día se van a celebrar manifestaciones en decenas de ciudades en más de 50 países (Reino Unido, Alemania, EEUU, Canadá, Australia, Bolivia, Japón, etc.)
Globalízate fue una de las muchas asociaciones que organizaron la exitosa manifestación en Madrid en el Día de la Tierra, así como el Apagón del pasado día 15 de noviembre y la jornada contra el cambio climático que se celebró el día 17 de noviembre en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense.
El día 8 de diciembre nos sumamos a la jornada global de manifestaciones porque creemos que no se están tomando las medidas necesarias para evitar que el cambio climático ponga en peligro la vida en el planeta.
Pensamos que sólo, si somos capaces de crear un movimiento global de gran envergadura, conseguiremos que los dirigentes mundiales se decidan a implementar las medidas necesarias para evitar una catástrofe de proporciones inimaginables.
En las Conversaciones de las Naciones Unidas en Bali se discutirá el tratado que reemplazará al de Kyoto, de ahí la importancia que tendrán sus acuerdos. Por eso saldremos a las calles en todos los rincones del mundo para pedir a nuestros dirigentes que tomen medidas ya, dejarlo para mañana será demasiado tarde.
Contactos
Presidente : Mario Cuellar.
Relación con Prensa: Félix Nieto.
Teléfonos de contacto: 626 87 94 13 - 649 92 51 86
Los transgénicos se defienden a balazos
En marzo de 2006, un grupo de campesinos de la Vía Campesina y el Movimiento sin Tierra en Brasil ocuparon unos campos experimentales de transgénicos que la empresa semillera Syngenta (constituida a partir de Novartis y Zeneca) tenía en Santa Teresa do Oeste. Los movimientos campesinos querían advertir de la ilegalidad de estos campos por su peligro de contaminación hacia el Parque Nacional de Iguazú, del que estaba demasiado cerca, y para las variedades de maíz criollo de los campesinos próximos.
La propuesta de Vía Campesina fue transformar el campo contaminante de Syngenta en un centro de investigación y producción de semillas agroecológicas, con variedades campesinas, accesibles a todos y sin patentes.
Mientras la ocupación está aún en los tribunales, los campesinos ocupantes se habían trasladado a unos asentamientos cercanos. Pero Syngenta ha mantenido amenazas a los mismos hasta que el pasado 21 de octubre una milicia armada, contratada por la trasnacional de transgénicos, invadió sus asentamientos, matando de dos tiros a Valmir Mota de Oliveira, militante del Movimiento Sin Tierra, de 34 años, padre de tres hijos. Además, hirió gravemente a otras personas del mismo movimiento.
Si Syngenta defiende así sus intereses económicos propongo a los campesinos y campesinas españoles defender un modelo de agricultura ecológica y social boicoteando los productos Syngenta que se distribuyen por toda España. La lucha por la soberanía alimentaria de los pueblos avanza, pero con víctimas en su andadura.
La propuesta de Vía Campesina fue transformar el campo contaminante de Syngenta en un centro de investigación y producción de semillas agroecológicas, con variedades campesinas, accesibles a todos y sin patentes.
Mientras la ocupación está aún en los tribunales, los campesinos ocupantes se habían trasladado a unos asentamientos cercanos. Pero Syngenta ha mantenido amenazas a los mismos hasta que el pasado 21 de octubre una milicia armada, contratada por la trasnacional de transgénicos, invadió sus asentamientos, matando de dos tiros a Valmir Mota de Oliveira, militante del Movimiento Sin Tierra, de 34 años, padre de tres hijos. Además, hirió gravemente a otras personas del mismo movimiento.
Si Syngenta defiende así sus intereses económicos propongo a los campesinos y campesinas españoles defender un modelo de agricultura ecológica y social boicoteando los productos Syngenta que se distribuyen por toda España. La lucha por la soberanía alimentaria de los pueblos avanza, pero con víctimas en su andadura.
Los pequeños productores están enfriando el planeta
Las actuales formas globales de producción, consumo y mercado han causado una destrucción masiva del medio ambiente incluyendo el calentamiento global que está poniendo en riesgo los ecosistemas de nuestro planeta y llevando a las comunidades humanas hacia desastres. El calentamiento global muestra el fracaso del modelo de desarrollo basado en el consumo de energía fósil, la sobreproducción y el libre comercio.
Los campesinos y campesinas de todo el mundo unen sus manos con otros movimientos sociales, organizaciones, personas y comunidades para pedir y desarrollar radicales transformaciones sociales, económicas y políticas para invertir la tendencia actual.
Los campesinos, especialmente los pequeños productores, son los primeros en sufrir los cambios climáticos. Los cambios en las estaciones traen consigo sequías inusuales, inundaciones y tormentas, destruyendo tierras de cultivo y las casas de campesinos. Más aún, las especies animales y vegetales están desapareciendo a un ritmo sin precedentes. Los campesinos tienen que acomodarse a nuevos patrones de clima, adaptando sus semillas y sus sistemas de producción habituales a una situación impredecible. Más aún, las sequías e inundaciones están llevando a fracasos en las cosechas aumentando el número de personas hambrientas en el mundo. Hay estudios que predicen un descenso de la producción agrícola global de entre un 3 y un 16% para el año 2080. En las regiones tropicales, el calentamiento global es muy probable que lleve a un grave declive de la agricultura (más del 50% en Senegal y del 40% en India), y a la aceleración de la desertificación de tierras de cultivo. Por otro lado, enormes áreas en Rusia y Canadá se volverán cultivables por vez primera en la historia humana, pero todavía se desconoce cómo estas regiones se podrán cultivar.
La producción y el consumo industrial de alimentos están contribuyendo de forma significativa al calentamiento global y a la destrucción de comunidades rurales. El transporte intercontinental de alimentos, el monocultivo intensivo, la destrucción de tierras y bosques y el uso de insumos químicos en la agricultura están transformando la agricultura en un consumidor de energía, y están contribuyendo al cambio climático. Bajo las políticas neoliberales impuestas por la Organización Mundial del Comercio, los Acuerdos de Libre Comercio bilaterales, así como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la comida se produce con pesticidas derivados del petróleo y fertilizantes, y transportadas por todo el mundo para su transformación y consumo.
La Vía Campesina, un movimiento que reúne a millones de campesinos y productores de todo el mundo, se declara que es tiempo de cambiar de forma radical nuestra forma de producir, transformar, comerciar y consumir alimentos y productos agrícolas. Creemos que la agricultura sostenible a pequeña escala y el consumo local de alimentos va a invertir la devastación actual y sustentar a millones de familias campesinas. La agricultura también puede contribuir a enfriar la tierra usando prácticas agrícolas que reduzcan las emisiones de CO² y el uso de energía por los campesinos.
Por otra parte, los campesinos también pueden contribuir a la producción de energía renovable, especialmente mediante la energía solar y el biogás.
La agricultura globalizada y la agricultura industrializada crean calentamiento global
1/ Por transportar alimentos por todo el mudo
Se transportan alimentos frescos y empaquetados por todo el mundo y no es raro ahora encontrar en Estados Unidos o en Europa frutas, verduras, carne o vino de África, Sudamérica u Oceanía; también encontramos arroz asiático en América o en África.
Los combustibles fósiles usados para transporte de alimentos están liberando toneladas de CO2 a la atmósfera. La organización de campesinos suizos UNITERRE calculó que un kilo de espárragos importado desde México necesita 5 litros de petróleo para viajar por vía aérea (11´800 Km.) hasta Suiza. Sin embargo un kilo de espárragos producido en Ginebra solo necesita 0,3 litros de petróleo para llegar hasta el consumidor .
2/ Por la imposición de medios industriales de producción (mecanización, intensificación, uso de agroquímicos, monocultivo...)
La llamada agricultura moderna, especialmente el monocultivo industrial, está destruyendo los procesos naturales del suelo (lo que lleva a la presencia de CO2 en la materia orgánica) y lo reemplaza por procesos químicos basados en fertilizantes y pesticidas. Debido sobre todo al uso de fertilizantes químicos, a la agricultura y ganadería intensiva y a los monocultivos, se produce una importante cantidad de óxido nitroso (NO2), el tercer gas de efecto invernadero con mayor efecto sobre el calentamiento global. En Europa, el 40% de la energía consumida en las explotaciones agrarias se debe a la producción de fertilizantes nitrogenados.
Por otra parte, la producción agraria industrial consume mucha más energía (y libera mucho más CO2) para mover sus gigantes tractores para labrar la tierra y procesar la comida.
3/ Por destruir la biodiversidad (y sumideros de carbono)
Este ciclo del carbono ha sido parte de la estabilidad del clima durante millones de años. Las empresas de agronegocios han destrozado este equilibrio con la imposición generalizada de la agricultura química (con uso masivo de pesticidas y fertilizantes procedentes del petróleo), con la quema de bosques para plantaciones de monocultivos y destruyendo las tierras pantanosas y la biodiversidad.
4/ Convirtiendo la tierra y los boques en áreas no agrícolas
Bosques, pastizales y tierras cultivables están siendo convertidos rápidamente en áreas de producción agrícola industrial, en centros comerciales, en complejos industriales, grandes casas, en grandes proyectos de infraestructuras o en complejos turísticos. Estos cambios causan liberaciones masivas de carbono y reducen la capacidad del medio ambiente de absorber el carbono liberado a la atmósfera.
5/ Transformando la agricultura de una productora a una consumidora de energía
En términos energéticos, el primer papel de las plantas y de la agricultura es transformar la energía solar en la energía contenida en los azúcares y celulosas que pueden ser directamente absorbidas en la comida o transformadas por los animales en productos de origen animal. Este es un proceso natural que aporta energía en la cadena alimentaria. No obstante, la industrialización del proceso agrícola en los últimos doscientos años nos ha llevado a una agricultura que consume energía (usando tractores, agroquímicos derivados del petróleo, fertilizantes...).
Falsas soluciones
Agrocombustibles (combustibles producidos a partir de plantas y árboles) se han presentado muchas veces como una solución a la actual crisis energética. Según el protocolo de Kyoto, el 20% del consumo global de energía debería provenir de recursos renovables para 2020, y esto incluye a los agrocombustibles. Sin embargo, dejando aparte la locura de producir comida para alimentar autos mientras muchos seres humanos están muriendo de hambre, la producción industrial de agrocombustibles va a aumentar el calentamiento global en vez de reducirlo. A cambio de una reducción pequeña y no probada (a excepción de la caña de azúcar) de algunos gases de efecto invernadero comparando con los combustibles fósiles, la producción de agrocombustibles va a aumentar las plantaciones intensivas de monocultivo de palma, soja, maíz, o caña de azúcar; va a contribuir a la deforestación y a la destrucción de la biodiversidad. La producción intensiva de agrocombustibles no es una solución al calentamiento global, ni va a resolver la crisis global en el sector agrícola
El comercio de carbono
En el protocolo de Kyoto y otros planes internacionales, el "comercio de carbono" se ha presentado como una solución para el calentamiento global. Es una privatización del carbono posterior a la privatización de la tierra, del aire, las semillas, el agua y otros recursos. Permite a los gobiernos asignar permisos a enormes contaminadores industriales de tal forma que puedan comprar el "derecho a contaminar" entre ellos mismos. Algunos otros programas fomentan que los países industrializados financien vertederos baratos de carbono tales como plantaciones a gran escala en el Sur, como una forma de evitar la reducción de sus propias emisiones. Están siendo creadas de esta manera grandes plantaciones o áreas naturales de conservación en Asia , África, y América Latina, expulsando a comunidades de sus tierras y reduciendo su derecho de acceso a sus propios bosques, campos y ríos.
Cultivos y árboles transgénicos
Se están ahora desarrollando árboles y cultivos transgénicos para agrocombustibles. Los organismos genéticamente modificados no resolverán ninguna crisis medioambiental sino que por si mismos ponen en riesgo el medio ambiente, así como la salud y la seguridad.
Estos árboles y cultivos transgénicos son parte de la "segunda generación" de agrocombustibles basados en la celulosa, mientras que la primera generación se basaba en distintas formas de azúcar de las plantas. Aun en los casos en los que no se usan variedades transgénicas esta "segunda generación" plantea los mismos problemas que la anterior.
La Soberanía Alimentaría proporciona medios de subsistencia a millones de personas y protege la vida en la tierra
La Vía Campesina cree que las soluciones a la actual crisis tienen que surgir de actores sociales organizados que están desarrollando modelos de producción, comercio y consumo basados en justicia, solidaridad y la comunidades saludables. Ninguna solución tecnológica va a resolver el desastre medioambiental y social. Solo un cambio radical en la forma en que producimos, comerciamos y consumimos puede dar tierras para comunidades rurales y urbanas saludables. La agricultura sostenible a pequeña escala, un trabajo intensivo y de poco consumo de energía, puede contribuir a enfriar la tierra:
• Asumiendo más CO2 en el suelo de manera orgánica a través de la producción sostenible (la producción extensiva de vacas y ovejas en pastizales tiene un positivo balance de gas invernadero).
• Reemplazando los fertilizantes nitrogenados por agricultura ecológica y/o cultivando proteaginosas que capturan nitrógeno directamente del aire.
• Produciendo biogás de residuos animales y vegetales, con la condición de mantener suficiente materia orgánica en el suelo.
• Produciendo energía solar en todos los tejados agrícolas (con apoyo a la inversión para los pequeños campesinos)...
En todo el mudo practicamos y defendemos la agricultura familiar sostenible y a pequeña escala y exigimos soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de las personas a los alimentos saludables y culturalmente apropiados producidos a través de métodos sostenibles y saludables, y su derecho a definir sus propios alimentos y sistemas de agricultura. Colocamos en el fundamento de los sistemas y de las políticas alimentarias las aspiraciones y necesidades de aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos, en lugar de las demandas de los mercados y de las multinacionales. La soberanía alimentaria da prioridad a las economías y mercados locales y nacionales, dando el poder a campesinos y pequeños agricultores, a los pescadores tradicionales, a los pastores y a la producción, distribución y consumo de alimentos basada en la sostenibilidad ambiental, social y económica.
Exigimos urgentemente a los encargados de tomar decisiones locales, nacionales e internacionales
1/ El desmantelamiento completo de las compañías de agrocombustibles. Están despojando a los pequeños productores de sus tierras, produciendo comida basura y creando desastres medioambientales
2/ El reemplazo de la agricultura industrializada por la agricultura sostenible a pequeña escala apoyada por verdaderos programas de reforma agraria
3/ La promoción de políticas energéticas sensatas y sostenibles. Esto incluye el consumo de menos energía y la producción de energía solar y biogás por los campesinos en lugar de la promoción a gran escala de la producción de agrocombustibles, como es el caso actualmente.
4/ La implementación de políticas de agricultura y comercio a nivel local, nacional e internacional, dando apoyo a la agricultura sostenible y al consumo de alimentos locales. Esto incluye la abolición total de los subsidios que llevan al dumping (competencia desleal) de comida barata en los mercados de exportación y el dumping de comida barata en mercados nacionales.
Por los medios de subsistencia de millones de pequeños productores en todo el mundo,
Por la salud de las personas y por la supervivencia del planeta:
Exigimos soberanía alimentaría y nos comprometemos a luchar de forma colectiva para lograrla
Los campesinos y campesinas de todo el mundo unen sus manos con otros movimientos sociales, organizaciones, personas y comunidades para pedir y desarrollar radicales transformaciones sociales, económicas y políticas para invertir la tendencia actual.
Los campesinos, especialmente los pequeños productores, son los primeros en sufrir los cambios climáticos. Los cambios en las estaciones traen consigo sequías inusuales, inundaciones y tormentas, destruyendo tierras de cultivo y las casas de campesinos. Más aún, las especies animales y vegetales están desapareciendo a un ritmo sin precedentes. Los campesinos tienen que acomodarse a nuevos patrones de clima, adaptando sus semillas y sus sistemas de producción habituales a una situación impredecible. Más aún, las sequías e inundaciones están llevando a fracasos en las cosechas aumentando el número de personas hambrientas en el mundo. Hay estudios que predicen un descenso de la producción agrícola global de entre un 3 y un 16% para el año 2080. En las regiones tropicales, el calentamiento global es muy probable que lleve a un grave declive de la agricultura (más del 50% en Senegal y del 40% en India), y a la aceleración de la desertificación de tierras de cultivo. Por otro lado, enormes áreas en Rusia y Canadá se volverán cultivables por vez primera en la historia humana, pero todavía se desconoce cómo estas regiones se podrán cultivar.
La producción y el consumo industrial de alimentos están contribuyendo de forma significativa al calentamiento global y a la destrucción de comunidades rurales. El transporte intercontinental de alimentos, el monocultivo intensivo, la destrucción de tierras y bosques y el uso de insumos químicos en la agricultura están transformando la agricultura en un consumidor de energía, y están contribuyendo al cambio climático. Bajo las políticas neoliberales impuestas por la Organización Mundial del Comercio, los Acuerdos de Libre Comercio bilaterales, así como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, la comida se produce con pesticidas derivados del petróleo y fertilizantes, y transportadas por todo el mundo para su transformación y consumo.
La Vía Campesina, un movimiento que reúne a millones de campesinos y productores de todo el mundo, se declara que es tiempo de cambiar de forma radical nuestra forma de producir, transformar, comerciar y consumir alimentos y productos agrícolas. Creemos que la agricultura sostenible a pequeña escala y el consumo local de alimentos va a invertir la devastación actual y sustentar a millones de familias campesinas. La agricultura también puede contribuir a enfriar la tierra usando prácticas agrícolas que reduzcan las emisiones de CO² y el uso de energía por los campesinos.
Por otra parte, los campesinos también pueden contribuir a la producción de energía renovable, especialmente mediante la energía solar y el biogás.
La agricultura globalizada y la agricultura industrializada crean calentamiento global
1/ Por transportar alimentos por todo el mudo
Se transportan alimentos frescos y empaquetados por todo el mundo y no es raro ahora encontrar en Estados Unidos o en Europa frutas, verduras, carne o vino de África, Sudamérica u Oceanía; también encontramos arroz asiático en América o en África.
Los combustibles fósiles usados para transporte de alimentos están liberando toneladas de CO2 a la atmósfera. La organización de campesinos suizos UNITERRE calculó que un kilo de espárragos importado desde México necesita 5 litros de petróleo para viajar por vía aérea (11´800 Km.) hasta Suiza. Sin embargo un kilo de espárragos producido en Ginebra solo necesita 0,3 litros de petróleo para llegar hasta el consumidor .
2/ Por la imposición de medios industriales de producción (mecanización, intensificación, uso de agroquímicos, monocultivo...)
La llamada agricultura moderna, especialmente el monocultivo industrial, está destruyendo los procesos naturales del suelo (lo que lleva a la presencia de CO2 en la materia orgánica) y lo reemplaza por procesos químicos basados en fertilizantes y pesticidas. Debido sobre todo al uso de fertilizantes químicos, a la agricultura y ganadería intensiva y a los monocultivos, se produce una importante cantidad de óxido nitroso (NO2), el tercer gas de efecto invernadero con mayor efecto sobre el calentamiento global. En Europa, el 40% de la energía consumida en las explotaciones agrarias se debe a la producción de fertilizantes nitrogenados.
Por otra parte, la producción agraria industrial consume mucha más energía (y libera mucho más CO2) para mover sus gigantes tractores para labrar la tierra y procesar la comida.
3/ Por destruir la biodiversidad (y sumideros de carbono)
Este ciclo del carbono ha sido parte de la estabilidad del clima durante millones de años. Las empresas de agronegocios han destrozado este equilibrio con la imposición generalizada de la agricultura química (con uso masivo de pesticidas y fertilizantes procedentes del petróleo), con la quema de bosques para plantaciones de monocultivos y destruyendo las tierras pantanosas y la biodiversidad.
4/ Convirtiendo la tierra y los boques en áreas no agrícolas
Bosques, pastizales y tierras cultivables están siendo convertidos rápidamente en áreas de producción agrícola industrial, en centros comerciales, en complejos industriales, grandes casas, en grandes proyectos de infraestructuras o en complejos turísticos. Estos cambios causan liberaciones masivas de carbono y reducen la capacidad del medio ambiente de absorber el carbono liberado a la atmósfera.
5/ Transformando la agricultura de una productora a una consumidora de energía
En términos energéticos, el primer papel de las plantas y de la agricultura es transformar la energía solar en la energía contenida en los azúcares y celulosas que pueden ser directamente absorbidas en la comida o transformadas por los animales en productos de origen animal. Este es un proceso natural que aporta energía en la cadena alimentaria. No obstante, la industrialización del proceso agrícola en los últimos doscientos años nos ha llevado a una agricultura que consume energía (usando tractores, agroquímicos derivados del petróleo, fertilizantes...).
Falsas soluciones
Agrocombustibles (combustibles producidos a partir de plantas y árboles) se han presentado muchas veces como una solución a la actual crisis energética. Según el protocolo de Kyoto, el 20% del consumo global de energía debería provenir de recursos renovables para 2020, y esto incluye a los agrocombustibles. Sin embargo, dejando aparte la locura de producir comida para alimentar autos mientras muchos seres humanos están muriendo de hambre, la producción industrial de agrocombustibles va a aumentar el calentamiento global en vez de reducirlo. A cambio de una reducción pequeña y no probada (a excepción de la caña de azúcar) de algunos gases de efecto invernadero comparando con los combustibles fósiles, la producción de agrocombustibles va a aumentar las plantaciones intensivas de monocultivo de palma, soja, maíz, o caña de azúcar; va a contribuir a la deforestación y a la destrucción de la biodiversidad. La producción intensiva de agrocombustibles no es una solución al calentamiento global, ni va a resolver la crisis global en el sector agrícola
El comercio de carbono
En el protocolo de Kyoto y otros planes internacionales, el "comercio de carbono" se ha presentado como una solución para el calentamiento global. Es una privatización del carbono posterior a la privatización de la tierra, del aire, las semillas, el agua y otros recursos. Permite a los gobiernos asignar permisos a enormes contaminadores industriales de tal forma que puedan comprar el "derecho a contaminar" entre ellos mismos. Algunos otros programas fomentan que los países industrializados financien vertederos baratos de carbono tales como plantaciones a gran escala en el Sur, como una forma de evitar la reducción de sus propias emisiones. Están siendo creadas de esta manera grandes plantaciones o áreas naturales de conservación en Asia , África, y América Latina, expulsando a comunidades de sus tierras y reduciendo su derecho de acceso a sus propios bosques, campos y ríos.
Cultivos y árboles transgénicos
Se están ahora desarrollando árboles y cultivos transgénicos para agrocombustibles. Los organismos genéticamente modificados no resolverán ninguna crisis medioambiental sino que por si mismos ponen en riesgo el medio ambiente, así como la salud y la seguridad.
Estos árboles y cultivos transgénicos son parte de la "segunda generación" de agrocombustibles basados en la celulosa, mientras que la primera generación se basaba en distintas formas de azúcar de las plantas. Aun en los casos en los que no se usan variedades transgénicas esta "segunda generación" plantea los mismos problemas que la anterior.
La Soberanía Alimentaría proporciona medios de subsistencia a millones de personas y protege la vida en la tierra
La Vía Campesina cree que las soluciones a la actual crisis tienen que surgir de actores sociales organizados que están desarrollando modelos de producción, comercio y consumo basados en justicia, solidaridad y la comunidades saludables. Ninguna solución tecnológica va a resolver el desastre medioambiental y social. Solo un cambio radical en la forma en que producimos, comerciamos y consumimos puede dar tierras para comunidades rurales y urbanas saludables. La agricultura sostenible a pequeña escala, un trabajo intensivo y de poco consumo de energía, puede contribuir a enfriar la tierra:
• Asumiendo más CO2 en el suelo de manera orgánica a través de la producción sostenible (la producción extensiva de vacas y ovejas en pastizales tiene un positivo balance de gas invernadero).
• Reemplazando los fertilizantes nitrogenados por agricultura ecológica y/o cultivando proteaginosas que capturan nitrógeno directamente del aire.
• Produciendo biogás de residuos animales y vegetales, con la condición de mantener suficiente materia orgánica en el suelo.
• Produciendo energía solar en todos los tejados agrícolas (con apoyo a la inversión para los pequeños campesinos)...
En todo el mudo practicamos y defendemos la agricultura familiar sostenible y a pequeña escala y exigimos soberanía alimentaria. La soberanía alimentaria es el derecho de las personas a los alimentos saludables y culturalmente apropiados producidos a través de métodos sostenibles y saludables, y su derecho a definir sus propios alimentos y sistemas de agricultura. Colocamos en el fundamento de los sistemas y de las políticas alimentarias las aspiraciones y necesidades de aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos, en lugar de las demandas de los mercados y de las multinacionales. La soberanía alimentaria da prioridad a las economías y mercados locales y nacionales, dando el poder a campesinos y pequeños agricultores, a los pescadores tradicionales, a los pastores y a la producción, distribución y consumo de alimentos basada en la sostenibilidad ambiental, social y económica.
Exigimos urgentemente a los encargados de tomar decisiones locales, nacionales e internacionales
1/ El desmantelamiento completo de las compañías de agrocombustibles. Están despojando a los pequeños productores de sus tierras, produciendo comida basura y creando desastres medioambientales
2/ El reemplazo de la agricultura industrializada por la agricultura sostenible a pequeña escala apoyada por verdaderos programas de reforma agraria
3/ La promoción de políticas energéticas sensatas y sostenibles. Esto incluye el consumo de menos energía y la producción de energía solar y biogás por los campesinos en lugar de la promoción a gran escala de la producción de agrocombustibles, como es el caso actualmente.
4/ La implementación de políticas de agricultura y comercio a nivel local, nacional e internacional, dando apoyo a la agricultura sostenible y al consumo de alimentos locales. Esto incluye la abolición total de los subsidios que llevan al dumping (competencia desleal) de comida barata en los mercados de exportación y el dumping de comida barata en mercados nacionales.
Por los medios de subsistencia de millones de pequeños productores en todo el mundo,
Por la salud de las personas y por la supervivencia del planeta:
Exigimos soberanía alimentaría y nos comprometemos a luchar de forma colectiva para lograrla
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